SUICIDIO, DULCE
DESPEDIDA
Tomados de la mano
recorrieron la ciudad, caminaban
envueltos en la bruma del ocaso, mientras ella reía y mostraba su
alegría, tú estabas pensativo.
¡Cómo llegaron al delta
del río! Nadie lo sabe, en el largo trayecto que transitaron.
Pasaron casi todos los
momentos de tu existencia, en esa proyección te viste niño, acariciado y
protegido por la ternura y el amor de mamá.
Recordaste tus juegos
infantiles allá en el patio polvoriento de Villa María, la carrera alocada con
los perros de la casa que eran tus juguetes preferidos.
Luego la adolescencia
en la casa de la abuela, esa viejecita que te hacía sentir lo profundo de la
vida, haciendo que tu mente se trasladara a los primeros años en donde mamá
tomaba tu mano y te enseñaba las primeras letras. Esas letras que volcarías a
innumerables páginas para deleite de la gente.
De muy joven ingresaste
al mundo fantástico de dejar que tu mente fabricara personajes, lugares y
situaciones, ese mundo que solo aquellos que llevan el sentir de la prosa en la
sangre saben del exquisito sabor producido al verlos en un libro.
Ya de adulto la
realidad del mundo te atrapo sin consideración y te entregaste a luchar por
valores y principios que consideraste necesarios para un pueblo carente de
rumbo.
Así llegaste hasta ese
hotel de la ribera, acompañado siempre por ella que durante el trayecto no te
abandono y parecía que te empujaba hacia ese lugar.
La puerta del cuarto se
abrió lentamente, como queriendo dejarla allí y no compartir con ella ese acto.
Pero tú ya lo habías decidido. Te quitaste parte de la ropa, acomodaste la
cama, caminaste hasta la mesita de noche que tenía el cuarto, abriste la
botella de whisky que compraras el día anterior, serviste en un vaso un largo
trago. De un golpe lo bebiste, cerrando los ojos al hacerlo, el líquido bajo
por tu garganta como quemando, te tiraste a la cama para esperar que ella
hiciera su trabajo, no lo dudó y sentiste cómo, entre dulzón y amargo te
provocaba fuertes dolores, no duro mucho, el cianuro surtió efecto, perdiste la
conciencia, ella salió de ti triunfante, ya le pertenecías. De esa manera, el
18 de febrero de 1938 emprendiste el viaje a la inmortalidad.
Mario Dario Fuenzalida Delgado
2015. Argentina
Derechos Reservados.

